LEYENDAS O HISTORIAS ORIGINARIAS DEL LUGAR.
LEYENDAS O HISTORIAS ORIGINARIAS DEL LUGAR.
Chivo Misterioso
A mitad de la calle Juárez existió un enorme fresno que vivió más de cien años; en el siglo pasado era muy popular de que todas las noches salía un chivo misterioso de considerable tamaño que se dedicaba a espantar a inocentes personas que frecuentaban las altas horas de la noche.
En aquel lejano tiempo, varios niños indígenas fueron aceptados en distintas casas para prestar servicios a cambio de comida y asistencia a la escuela, regresando estos a sus pueblos con buena instrucción. Uno de ellos fue don Manuel Sotero, maestro distinguido y admirado, no sólo en su pueblo natal que era Olintla sino en toda la sierra zacateca.
Otro de ellos se llamó Fernando, fue alojado en casa de don José María Velázquez. Una noche lo mandaron a la casa de don Lorenzo a comprar cebada para un caballo y le salió el chivo, se paró en sus pies traseros y se apoyó en los hombros de Fernando, movía sus mandíbulas como para masticar y tenía los ojos color de lumbre. El niño logró escapar y corrió a la casa de don Lorenzo, pero al entrar cayó desmayado al suelo, después de lanzar gritos muy agudos.
Un nieto de don Lorenzo, Valeriano Barrera era parrandero y regresaba a su casa aproximadamente a las doce de la noche y de pronto oyó al chivo que chillaba en medio de la calle, Valeriano se acercó violentamente al tronco del fresno centenario para evitar que el animal lo atacara, más de pronto lo oyó chillar arriba del árbol; entonces corrió lleno de miedo hasta su casa. pero ya sabe usted, que hay cosas increíbles pero ciertas. Supongo que todo fue obra de la imaginación o del miedo.
El Dragón de la Cascada
Las tradiciones más preciadas se cuentan en hermosas noches mágicas donde los ancianos a la luz de las hogueras cuentan deliciosamente lo que sus padres también les contaron y que van transmitiendo de generación en generación.
Un pequeño grupo de niños había ido de excursión a la famosa cascada de San Pedro donde jugaron, chapotearon y se divirtieron de lo más lindo. Sin que se dieran cuenta el cielo se fue nublando gradualmente hasta que la luz que se filtraba entre las nubes fue borrándose, el bello paisaje que habían contemplado cuando llegaron por la mañana se había tornado grisáceo.

Los niños se encontraban entonces abajo donde caía el torrente, produciendo su característico sonido que durante siglos aun persiste, y si no pasaba alguna cosa, seguiría sucediendo hasta el fin de los tiempos. El chipi-chipi empezaba a caer persistentemente sobre los alrededores haciéndose más prolongados y fuertes la llovizna que amenazaba convertirse en tormenta.
Los pequeños no tuvieron más remedio que suspender sus juegos para guarecerce de la lluvia, buscaron refugio cercano, encontrándola en una caseta que se halla allí y que aun se mantiene milagrosamente en pie a pesar de los años que han pasado en que fue construida. Estaban entretenidos viendo caer la lluvia, algunos jugaban en su improvisado refugio, cuando escucharon una especie de bufido atronador que llegaba de la cascada. No sintieron temor alguno o algún sobresalto por lo imprevisto del infrahumano clamor, si llegaron a sentir después, llenos de curiosidad y por saber que había sido aquello, ya que precisamente en la roca que se encontraba bajo la cascada se había originado aquel lamento, salieron de su refugio para investigar la procedencia de aquello, no tuvieron que caminar mucho, pues bajo aquella roca en la que se supone se encontraba una enorme cueva estaba un animal rugiendo con atronador clamor, el agua que caía parecía no mojarle, ya que atravesaba limpiamente su cuerpo.
Por largo rato los pequeños permanecieron absortos ante la visión apocalíptica y el efecto alucinador que sobre ellos ejercía. El descomunal monstruo parecía otear por todos lados como buscando algo, en aquellos momentos los primeros rayos del sol salían de entre las nubes que hicieron caer sus lanzas doradas sobre las aguas que caían sobre al que llamaremos dragón, formando para deleite y admiración de los pequeñuelos el más hermoso arcoiris que hayan visto jamás sus ojos y que daban vuelta al dragón formando un arco sobresaliendo la cabeza del animal en la parte central y aunado a esto, la caída del agua de la cascada, hacía del espectáculo el cuadro más fantástico nunca imaginado y que era digno para el mejor artista del pincel que hubiese deseado plasmar sobre el lienzo.Algunas personas que se encontraban por ahí cerca de la cascada en la parte superior y otras que se dirigían a los paredones parecían no haberse dado cuenta del acontecimiento, los niños tomaron nota de aquella observación. Poco a poco el arcoiris y el terrible dragón se iban desvaneciendo ante la vista atónita de los chicos que hubiesen querido por un momento más, seguir extasiándose ante el fenómeno irreal que había sucedido momentos antes.
Después de que todo aquello pasó y el sol volvía a iluminar todo el lugar con su más desbordante alegría, los niños recomenzaron sus juegos. Estuvieron un buen rato sobre el pasto, las piedras, etc., luego de correr, brincar y reír, se retiraron del sitio satisfechos de la excursión que habían realizado llegándose a su casa cada uno.
Algunos niños contaron inocentemente la aparición del dragón de la cascada con todo lujo de detalles a sus padres y estos dudaron si el agua o el sol los había afectado de tal manera, haciéndoles imaginar aquella tonta historia del monstruo de la cascada, que la supuesta imaginación infantil había sacado a flote.
Otros, tomaron más a filosofía el relato del dragón de la cascada como producto de la lectura de los pasquines o francamente, con un movimiento condescendiente de cabeza, olvidaron el asunto.
El caso este no quedó allí, por supuesto, sino que llegó a oídos de personas crédulas de los relatos de tales acontecimientos pasados que se interesaron por conocer más a fondo el asunto aquel.
Esas personas interesadas en los relatos de los niños hicieron curiosos descubrimientos, primero, que el dragón, monstruo o lo que sea, sólo aparece cada año nuevo el primer día y bajo condiciones estrictamente especiales con un bello arcoiris que le rodea. En segundo lugar, sólo ciertos niños que no pasaran de los doce años podían ver al animal aparecerse en la cascada. Y preguntando a los vecinos de aquellos lugares se supo la siguiente historia.
Cuentan las leyendas indígenas que en la época de Xólotl, que era el gran jefe de los chichimecas, un hijo suyo le había pedido estas tierras como dote para asegurar a sus descendencia, y como ya antes había estado en estas tierras, le gustaron sobremanera para vivir en ella.
El gran jefe Xólotl, guerrero cruel y sanguinario accedió a la petición de su hijo Pochol ya que, por ser el menor era el que más quería y consentía en todos sus deseos.
Pochol acompañado de guerreros, artesanos, mujeres y esclavos que su padre le había cedido para levantar una nueva población partió del reino de su padre por el año de 630 A.C. hasta el nuevo lugar de su estancia.
Aquel noble señor anduvo por varios días por intrincadas selvas con sus fieles acompañantes, tropezando en ocasiones con las avanzadas de otros pueblos amigos del reino de su padre que al reconocerle le saludaban afectuosamente. pasados largos días de caminatas y enromes fatigas llegaron por fin a su destino.
El paraje escogido por Pochol se encontraba rodeado por una muralla natural que hacían inaccesible el lugar en el supuesto caso de que algunos pueblos que vivieran en los alrededores los atacaran. Por lo que al lugar lo llamaron “Atenamitic o Tenamitic” que quiere decir “entre murallas” , hoy el sitio es conocido como Los Paredones.
La nueva población tenamiteca con el correr de los años progresó, teniendo relaciones con lejanos pueblos y de vez en cuando sostenían cruentos enfrentamientos con otras tribus, principalmente con los zacatecas que no dejaban de asediarlos constantemente, estos tenían su población en el lugar que se conoce como Otlatlán.
Al cabo de los años de haberse fundado el Señorío de Tenamitec, muere Pochol, dejando como sucesor a su hijo Tloltzin que era cruel, sádico, vicioso, guerrero implacable y sediento de las riquezas de los pueblos que los rodeaban como los totonacas y los zacatecas.
Parece que algunas acciones que llegó a cometer precipitó a la desaparición de Tenamitic, tomando su lugar en preponderancia, poder y dominio, el pequeño e insignificante Señorío de Zacatlán que invadió la población, reduciendo a la impotencia a sus moradores, después se asentaron en ella, fundiéndose con sus habitantes en un sólo pueblo. Quitaron el nombre de Tenamitec y llamaron desde entonces al nuevo poblado Zacatlán, que extendió sus dominios desde Chignahuapan hasta los límites con los toltecas (Tulancingo).
Al subir al poder Tloltzin, los tenamitecos pasaron de ser agredidos en agresores de otros pueblos u Señoríos. este cacique inició una era de terror, sangre y muerte. Sus atrocidades llegaron al grado de incendiar los templos de los dioses que tenían su morada, y en el que sólo los sacerdotes tenían comunicación directa con ellos, esto, para el mundo luminoso de los habitantes de aquellos lugares resultaba el más grande sacrilegio cometido contra sus creencias.
Celebraron sacrificios a sus dioses para que castigaran a Tloltzin por sus acciones y dejara de castigar con sus crueldades la paz de los pueblos de los alrededores. Todos los dioses se encontraban reunidos en el Temoanchan para dar solución al problema que tenían entre manos en el caso de Tloltzin. Enumeraron las atrocidades cometidas por el vándalo sujeto, la invasión injusta a los pueblos vecinos, la destrucción de los templos y adoratorios de los dioses.
Y meditando sobre todos estos desmanes del cacique, decidieron el castigo que recibiría este.
Una tarde en que se encontraba Tloltzin cerca de la barranca, sintió de pronto, que una extraña quietud se apoderaba del lugar, el ruido de los pájaros que antes estaba escuchando cesó por completo. El sonido característico que producía el al agua al caer de más de 30 metros de altura, tampoco se escuchaba, una briosa leve y fría pasó recorrió el cuerpo del desconcertado individuo que lo dejó paralizado sin poder mover un sólo músculo, entonces el dios del aire Quetzalcóatl le habló de esta manera:
“Tloltzin, has abusado del poder que te concedieron los dioses para que gobernaras a tu pueblo con sabiduría y justicia por el camino recto de la vida llevado por las aguas tranquilas, diáfanas y cristalinas de la razón y la equidad. Has turbado el corazón de los dioses con tu violencia injustificada, el orden que no te corresponde llevar, y que sólo concedemos a otros pueblos. ¡Oh mortal! que has osado turbar la paz de los dioses del Tlalocan, los hombres hacen sacrificios pidiéndonos castigo para tu maldad y vuelva a reinar la tranquilidad por estos lares. Hemos medido las consecuencias de tus actos; has robado y asesinado cruelmente y sobre todas las cosas cometidas por ti. Mandaste quemar lo más preciado que el hombre tiene desde que los formamos para que vivieran sobre estas tierras y que han sido los conocimientos que les legamos a tus antepasados y que fueron transmitidos de generación en generación hasta llegar a ti, que has causado ¡su total destrucción!, pero ese tesoro lo volveremos a restituir y tú ¡hombre de mala índole! desde hoy y para siempre te convertirán en el eterno guardián de ese saber, y no tendrás paz ni reposo un instante. Vigilarás atento ese tesoro, mayor que el más grande de todos los tesoros conocidos desde que el hombre es hombre. Tonatiuh, el dios del fuego te ha concedido una gracia: el primer día de cada año nuevo te harás visible, pero sólo te podrán ver los niños en la forma de una horripilante bestia bajo esta cascada en la que te encuentras y en la que se haya una profunda cueva que será tu refugio por una eternidad de eternidades.
Y acabando de decir esto, una luz muy brillante bajó de las nubes, llenándolo todo con su luminosidad a Tloltzin que se vio de pronto transformado en una enorme bestia, que buscó refugio lanzando grandes alaridos bajo la cascada, en la cueva que el poderoso dios le había indicado.
Se cuenta que sólo es posible verlo el primer día del año nuevo, pero sólo los niños, ya que carecen de maldad, pueden verlo y cuando se asoma de entre las aguas que caen precipitadamente, donde se forma un arcoiris que rodea al dragón de lado a lado y los rugidos que lanza, se cree que es la voz de Tloltzin implorando misericordia a los dioses que ofendió con sus crueldades y que sólo puede pedir de esta forma que lo libren de su castigo que durará hasta la consumación de los siglos.
El Dragón del Convento
Cuando se estaba construyendo el Convento , un indígena informó a los frailes sobre la existencia de un gran animal que antes de la llegada de los españoles había puesto en continuo jaque a los nativos de los contornos, habían intentado cazarlo varias veces, pero nunca lo pudieron lograr. Tanto fue así, que les infundió un gran respeto a tal grado de ser considerado como una animal sagrado.
Los frailes, aunque un poco escépticos, se dispusieron a atrapar a la bestia, conllevados por el entusiasmo de los nativos zacatecos, a lo que se dispusieron prontamente.
Y dicho y hecho, habiéndose logrado atrapar con vida al enorme animal, los frailes se quedaron pasmados, maravillados ante la increíble y fantástica que les resultaba aquella extraña criatura, creyendo entonces que era obra del diablo.
Cuenta la conseja popular, que se dispuso en algún lugar de la iglesia del convento un sitio acondicionado especialmente, y que en un principio fuera una atracción para propios y extraños, que venían atraídos por la noticia de su captura. Los años fueron pasando y alrededor de la gran bestia se fueron tejiendo una de las más singulares leyendas que subsiste hasta nuestros días.
Cuando se hubo atrapado al enorme saurio y llevado a los supuestos sótanos de la iglesia del convento, se hicieron cargo de este los frailes, que un principio se habían rehusado cuidarlo. En un principio permitían ver al dragón, con cuya denominación ya era conocido de todos, pero al ir pasando el tiempo, ya no permitieron ver más a la bestia,. pues argumentaban que era producto de las maquinaciones del demonio para desviar a los nativos de su naciente creencia religiosa, y añadían, que el que lo llegara a ver, condenaría su alma al fuego eterno de los abismos infernales.
Nos cuenta la leyenda, que había determinados momentos en que los encargados de la custodia de éste, desaparecían bajo las galerías o sótano que supuestamente existen bajo el piso de la iglesia del convento, y no se sabía nada de ellos hasta pasados algunos días en que volvían a parecer, dedicándose por completo a sus actividades cotidianas.
Estas extrañas desapariciones de los frailes se hicieron sospechosas a los ojos del pueblo y algunos los asociaban con extraños ritos dedicados al diablo, otros que para purgar quien sabe que negros pecados, más otros; les daban poca o ninguna importancia al misterio de los frailes.
Un día, cuando hubieron bajado a las galerías como era su costumbre, sucedió que hubo un temblor que sólo afectó paradójicamente a la iglesia. Los frailes aparecieron más pronto que de costumbre y con los semblantes descompuestos. Al preguntárseles el porque de su espanto, la contestación que recibieron de aquellos no fue menos que terrible. Pues parece, y así se cuenta hasta nuestros días por la conseja popular, que en la época de la construcción del edificio, cuando se hubo atrapado al dragón, se le tuvo que buscar un espacio, y que fue precisamente bajo los cimientos del mismo, siendo entonces imposible sacarlo posteriormente, por lo que se optó, para que no muriera, alimentarlo lo mejor que se pudiera, por que si el animal falleciera, el hedor sería tan insoportable, que el lugar sería considerado como maldito.
Ahora, en su prisión, el terrible dragón sé había removido acuciado por la fatal hambre que le correía. Ellos sabían, que el motivo por el cual desaparecían bajo el piso de la iglesia era para alimentarlo, y así, calmada su hambre, con su furor no hiciera derrumbar el edificio. Pero aquel día en el que habían bajado, el animal estaba furioso y trató de atacar a los guardianes, pero estos escaparon milagrosamente de sus garras, pensando que con su terrible fuerza haría caer totalmente al edifico, sepultando a todos los que ahí se encontrasen, y sin siquiera poder rezar por la salvación de sus almas, condenada tal vez, al crepitante fuego de los infiernos.
Se cuenta, que desde aquel día se redoblaron los diezmos a la población zacateca que consistía principalmente en aves de corral, y toda una serie de animales domésticos y silvestres, y todo esto iba a parar a la boca del dragón. Fue así como se volvió a someter al enorme animal antidiluviano, que por alguna casualidad había prolongado su existencia hasta la Era Cristiana. Al contener al monstruo en su hambre insaciable, jamás intentaría escapar de la prisión en la que se encontraba.
Y se cuenta, con temor supersticioso entre la gente de nuestro pueblo, porque el día en que se dejase de alimentar al monstruo la iglesia desaparecería y de entre sus ruinas emergería terrible y amenazador ¡el dragón del convento!.
Y por supuesto, hubo personas que no creyeron en el supuesto dragón y su terrible existencia, ya que suponían que era una astuta y bien urdida mentira planeada por los frailes para atener atemorizados a los indígenas de la región y que aun se mantenían fieles a sus antiguas creencias para obtener de ellos su conversión al cristianismo, y los alimentos necesarios para su propia subsistencia, ya que algunos aun eran hostiles a los hispanos, manteniendo en continuo jaque a estos, y su único refugio era el convento, pero con esta burda mentira, tenían de ellos lo que querían.
Los franciscanos se mantuvieron en pie por mucho tiempos con los que los indígenas les entregaban ingenuamente.
Fue así como tuvo vida el dragón o viborón, como algunas personas le llamaron al supuesto y extraño y terrible animal antidiluviano.
Hasta hace poco y que algunos recordarán aun, que siendo cura de este lugar el señor Aurelio Toriz Mendoza, existía atrás del Altar mayor de la iglesia del Convento, un pasaje secreto que según se dice, se comunicaba con la iglesia parroquial.
Probablemente este pasaje que pasaba por debajo del piso de la iglesia y que era sólo conocido por los curas, fue ocupado en épocas aciagas de nuestra historia local para protegerse y huir de los constantes ataques de grupos subversivos que tenían en jaque a la población como lo fuera durante la independencia, la Guerra de Tres Años y la revolución Mexicana.
Se cuenta también que en este pasaje, que desembocaba en un gran espacio libre bajo la iglesia y que era donde estaba el dragón, teniendo bajo su cuidado un fabuloso tesoro acumulado por los conquistadores españoles que se dejaron venir en avalancha por toda esta vasta región norte, cayendo como aves de rapiña, siendo alimentado con todo lo que requisaban a los indígenas que poblaban este lugar de la sierra poblana.
Este pasaje que iniciaba detrás del Altar Mayor fue tapiado durante el tiempo que tuvo a su cargo ésta parroquia, el presbítero Roberto Espinosa.
Pero la leyenda del dragón, cierta o no, acecha aun en la mente popular, pues el día en que se deje de alimentarlo, las paredes de este hermoso edificio colonial; orgullo de nuestra historia zacateca ¡dejará de existir!
Piedras Encimadas
En algún lugar no muy lejano de la tierra zacateca, la gran diosa gigante llamada Naturaleza; esculpió su obra de piedra con el cincel del tiempo; aire y agua.Los humanos, sus hijos, competían con ella con todo el ingenio y los artificios, pero la gran gigante vencía una y mil veces.
Su imaginación ilimitada no contenta de inventar todas las formas, quiso jugar con la piedra y labrarla.No hubo reto que no aceptara y que no venciera; ni la gravedad ni la forma, ni el equilibrio ni el tiempo mismo. Y un día de otros días, dejó como guardiana de su jardín insólito de esculturas, a la erosión, para que cuidara de que eternamente cambiara de formas.
Los hombres del campo, tan habituados a los caprichos de la diosa Naturaleza y verla tan siempre cerca, no se asombraron de sus obras y simplemente llamaron a este jardín pétreo “El Valle de las Piedras Encimadas”.

Increíblemente existen ahí, rostros humanos de tres, cuatro o más metros de altura, indios aguerridos en posición de ataque, pájaros exóticos, elefantes, tigres, gallinas, enormes tortugas, camellos, dinosaurios, cabañas de anacoretas o de guardabosques, zapatos, nidos, palomas perfiles de rostros en profunda meditación, soldados guardianes, perros que parecen salir de un sueño y hasta pueden verse platillos voladores. Y basta tan sólo variar el punto desde el que se les ve, para obtener una infinita gama cambiante de formas caprichosas y humorísticas, bellas, desafiantes y cómicas a veces.
En este valle perduran las imágenes por siempre, como la vista de las grandes maravillas de la tierra y que por otra parte, es ocasión de estudio, la duda no se despeja. ¿Pudo haber sido realmente ese lugar, sede de una cultura antigua superhombres? tal vez, o tal vez sea un cráter que hace miles de años tuviera agua y que se fue secando paulatinamente, dejando al descubierto las formaciones pétreas, pero ese tal vez , es inquietante, y misterioso.
Alrededor de estas formaciones rocosas se han formado infinidad de historias, leyendas, que corren de voz en voz por los vecinos de los alrededores, como el del barco y del cual ya no existe ni rastro de lo que fue. Hace pocos años, ésta formación rocosa se encontraba entre dos propiedades y el cual se lo disputaban los dueños, donde se encontraba cada parte. Entonces, por egoísmo, por lo que sea, el caso es que, sin medir las consecuencias, uno de los beligerantes realizó un acto de verdadero crimen incalificable y colocando cartuchos de dinamita bajo la base, hizo volar el fabuloso barco de roca pura.
Se cuenta entre los vecinos de la localidad que el barco mostraba todos los signos inequívocos: mástil, velas, timón, proa y todo lo que forma una nave marina. Pero el barco ya no existe para que fuera la admiración de los que visitan el Valle. Hay otra historia, la de unos príncipes enamorados, se cuenta que siendo hijos de reyes de diferentes reinos, se amaban en secreto, ya que reales familias no aprobaban sus relaciones por ciertas rivalidades que los monarcas tenían. El vínculo que sostenían los príncipes fue descubierto al enterar a los reyes de la existencia de los amoríos de la pareja, decidieron entonces enviarlos a lejanos países para separarlos definitivamente.
La pareja pudo reunirse por última vez para despedirse y contárse las causas que su amor provocaba, clamaron a sus dioses para que los ayudara en su adoración infinita y dulcificara el corazón de piedra de sus padres, aprobando la relación que sostenían. pero sabiendo inútil el alcance de su deseo, rogaron al cielo hiciera algo por ellos, ya que no querían separarse jamás. Entonces una brisa delicada y suave se movió, mirándose uno al otro embelesados, virtiéndolos en piedra. El Valle de Piedras Encimadas es un increíble lugar que da paso a la formación de románticas o terribles leyendas, que pone a prueba la imaginación de quien llega a conocerlas y también porque en su seno encierra: tiempo, aire y agua.
La Llorona
En algún día de finales del siglo pasado existió una buena y trabajadora mujer que tenía dos hijos, había quedado viuda desde hacia tiempo y se ganaba la vida realizando trabajos ajenos. Era hacendosa y muy recomendable por sus buenas y sanas costumbres.
Sus hijos eran su adoración, atención y cariño, por ellos trabajaba duro y les daba lo mejor de sí.
Hubo una ocasión en que tuvo bastante trabajo y no teniendo con quien encargar a sus hijos se los tuvo que llevar consigo para poder realizar así, la tarea que le esperaba, cuando hubo tenido todo listo, se dirigió hasta el río de San Pedro y se puso a trabajar cosa de 20 metros de donde está la cascada, los encargos de la ropa que tenía, mientras sus hijos jugaban por ahí cerca.
No pasaba un buen rato desde que empezara su labor cuando los gritos infantiles de sus pequeñuelos llegaron alarmados hasta sus oídos. Volvió la cabeza asustada y un grito del más profundo horror brotó de sus labios, pudo aun percibir como sus hijos resbalaban por la peligrosa pendiente de la cascada para ir a estrellarse sobre las rocas agudas que se encontraban hasta el fondo.. La pobre mujer quedó muda por un instante, pero rápida como un lince se abalanzó como fiera herida hasta el lugar del incidente para tratar de salvar a sus hijos, pero todo era inútil, la tragedia se había cernido sobre aquella pobre mujer destrozada y en un último esfuerzo supremo como ineficaz y con la razón nublada, se lanzó tras de sus hijos y que al igual que ellos, sufrió la muerte.
Desde entonces, se tomó como una tradición que cada 12 de marzo se apareciera el fantasma de la mujer, lanzando agudos ayes de dolor y con el pesar más profundo, y según dicen algunos vecinos, que cuando ésta se aparece, grita la muy conocida frase de "ay mis hijos", por eso los lugareños la llaman "la llorona del río".
La Neblina
Hace ya mucho tiempo, antes de la llegada de los españoles a lo que era la antigua provincia de Zacatlán, vivía en esta región una hermosa mujer de grandes ojos soñadores, llenos de un tierno mirar que hacían que se estremecieran de emoción incontenida las fibras más intimas del corazón de cualquiera de los fuertes mancebos que la veían.
Al mirarse estos en sus bellos ojos de mansas tardes grises; tan hondos como la inmensidad del mar del oceáno sentían que se embiragaban de éxtasis, de luz, de vientos, de zafiros, de esmeraldas y diamantes.
Así de hermosos eran sus profundos ojos negros, como la noche misma tachoneada de estrellas. Sus cabellos eran negros, negros como lo más profundo de la noche en sus vasto de incontenidas luces multicolores. El viento de la tarde al bajar por la arboleda ondulaba su radiante cabellera en dulce y suave vegetación.
Mientras miraba arrobada el horizonte al oscurecerse, soñaba triste, recordando el sabor mágico de unos labios que hace tiempo partieran.
Está triste de tanto soñar, caminaba con los ojos abiertos en la azul esperanza de un regreso venturoso y camina en suelos por amor de la mano que la guía. Hace tiempo que el hombre amado había partido a la guerra y no se tenían noticias de ninguna índole de incorporación del bando zacateco a los ejércitos comandados por Nezahualcóyotl para que este recuperara su reino de Azcapotzalco y que por consejo de Huitzilihuitzin; su maestro,le dijera que tomara ánimo y valor y que fuese a las partes de donde le llegaria socorro, como lo eran las provincias de Huejotzingo, Tlaxcallán y otros por ser hombres valerosos. -fue así que el guerrero indómito de la profunda serranía salió con el auxilio de las tropas zacatecas para ayudar a aquel personaje a recuperar su trono.
Y en una tarde de profunda melancolía y de luces de arreboles tras las colinas, se despidieron los amantes, dedicándose mil paréntesis de amor. El altivo guerrero y amante decía a su doncella que se iba en las del viento soñado con ella, con la faz del cielo, en los aires cruzando ligero pensando en volver lo más pronto a su lado. Mientras estas palabras decía, dejaba la doncella asomar una débil sonrisa llena de tristeza, mientras que sus mejillas se coloraban de nieve y de rosas, y en tanto en su mirada, había desconsuelo amor y sufrimiento.
Ella no trata de impedirle la dolorosa partida, pues bien sabe, que los hombres valientes sólo tiene cabida en el corazón de su pueblo. Y con voz pura y de plata de cristal, le dice muy débil, muy pálida y muy asustada, que los dioses lo colmen de ventura y del trance salga bien librado.
Ha pasado mucho tiempo y en sus ojos tan negros y siempre bellos, mora la tristeza y la pesadumbre total de un alma tan sola, a la vez que lleva en sus pasos que guia,su amor tan lejano, la distancia que espera.
Todas las tardes camina por esos senderos de siempre y que juntos andarán tomados de la mano y llega al balcón de sus citas anciadas, soñando con el amante, soñando con el regreso. Una mañana de azules clarines y notas amarillas, bajó la plaza la doncella, había gran tumulto y gran alegría reinaba por doquier. Los teponaxtlis y los ahuehuets tocaban con gran profusión. La doncella tocada por un rayo de esperanza, sabe de inmediato que los esforzados guerreros que hace mucho que partieran ¡han regresado! .
Corrio alborozada hasta el grupo aquel, y alzando la cabeza por encima de todos aquellos hombros, buscaba afanosa la sobria figura de su amado de hermosas tardes quietas. Mientras tanto, otras mujeres hacían lo mismo y en cuanto descubrian la tez morana de sus ansiosos amores, lanzaban agudos gritos de júbilo y hechaban a correr hacia donde estaban los motivos de sus preciosas exclamaciones. Ella por más que buscaba, por más que alzaba los hombros preciosos, tan sólo cubiertos por una túnica del más blanco fulgor, no hallaba el motivo de su búsqueda, no hallaba la figura de su guerrero luchador.
Un agudo de profundo dolor siente que le traspasa el corazón al enterarse de la muerte de su guerrero esforzado, sale corriendo, perdida la razón hacia el balcón de sus citas ansiadas donde soñara con el amante y con el porvenir que el mañana presiente. Llorando pasa los días y en tarde de invierno mientras el sol entre la tarde moría, se levanta del sitio de su pesar y en acción resuelta invoca a sus dioses, ofreciendo su vida, dando alma y vida ¡vida y alma entera!, y no pensando en nada más se arroja al profundo barranco del balcón aquel. Murió aquella bella mujer, con la dulzura de una rosa deshojándose en la albura del manto de una virgen solitaria ¡su amor fue más hondo que el misterio! y en quel arrojo de inusitado intento, donde buscara muerte tan sombría, llenose a la mañana siguiente el barroco de una albura sin igual, que a la distancia parecía ¡un mar de inmensidades! Poco a poco fue ascendiendo aquel blanco tan maravilloso y extendiendose por la basta región zacateca.
Y entonces todos supieron que la doncella no sólo se presentaba en ese color alburo, sabían cuando estaba triste y lloraba, poniendose sombría. Y si estaba alegre; cantaba y calentaba con el aliento cálido de su voz. Y cuando bajaba para tocarlos con la suavidad de su piel, se daban cuenta de su textura, de su forma,de su aroma y que en todo momento respondía, reaccionaba, comentaba. Y era tan reveladora de su forma con su personalidad como su forma de trasladarse de un lugar a otro ¡inundándolo todo! Ella era y es desde entonces hasta el final de los tiempos ¡la amada neblina que todos conocemos! y que todo lo abarca en este región de historia leyenda y pasión.
El nahual
En el año de 1896. el pueblo de Zacatlán se conmocionó por una noticia poco creíble, pero que abrigó el temor y la superstición en los semblantes de todos aquellos que escucharon o vieron la aparición de una ave de fabulosas dimensiones.
La noticia corrió como reguero de pólvora y “El Eco de Zacatlán” y el “Hijo del Ahuizote”, periódicos de la época., transcribieron los hechos. Y cabe destacar que las personas desde antes del atardecer se iban a sus casas a encerrarse a piedra y lodo.
Y no era para menos esta aparición, según se cuenta, tenía ya por costumbre abalanzarse sobre los niños principalmente. Aquella fantástica ave que asoló a la región durante algún tiempo decían que era un nahuál o algún brujo que vivía más abajo de la barranca. Todo se podía contar.
Lo que sucedía realmente es que no sabían de donde procedían aquellos ruidos, cuando todos estaban en sus casas y en la quietud de la noche, sólo se escuchaba un batir de alas estruendosas y el ulular del viento al pasar entre el ramaje de los árboles.
No faltó un desprevenido que no creía en cuentos de gente desocupada y andaba por la calle como nada, y que fuera entonces atacado por aquella cosa voladora. Hubo, cuentan los chismes, muchas víctimas, por más de dos meses mantuvo aterrorizados a los pobladores de las inmediaciones de la barranca. Algunos persistían en la idea de que era un nahuál, es decir, el famoso brujo que vivía en alguna parte de la barranca. Por lo que se formó un grupo de los más decididos para ir a acabar con aquel singular personaje que supuestamente era el nahual transformado en ave gigantesca. Entonces una mañana aquel puñado de osados hombres armados hasta los dientes bajaron hasta la barranca a buscar la casa donde vivía el susodicho brujo. Durante toda la mañana y tarde buscaron infructuosamente; la noche les caía encima, pronto vieron una luz que brillaba entre los árboles, se acercaron cautelosamente a una cabaña que estaba en un recodo y animados por la idea que los había llevado hasta ahí. Obraron resueltamente, penetraron al interior de la humilde choza, encontraron al brujo postrado entregado a una extraña ceremonia, este, al verse descubierto, silbó una melodía de raras modulaciones y al momento se escuchó un graznido aterrador que heló la sangre de aquellos hombres decididos, pero estos, pasados el momento de desconcierto, sacaron sus machetes y salieron a enfrentarse al ave gigantesca resueltamente y no sin un poco de miedo reflejado en sus rostros y miembros. Al poco tiempo habían acabado para siempre con la amenaza aquella. Al volver nuevamente a la cabaña para ajustar cuentas con el brujo, éste había desaparecido. Lo buscaron, pero todo intento fue inútil, no lo hallaron por ninguna parte.
Regresaron a sus hogares, contándose después a todos aquellos que los escucharon, su fabulosa e increíble aventura. Se formó al correr de los años la leyenda del ave fantástica de la barranca. pero cierto o no, los hechos quedaron registrados en las mentes de aquellos hombres sencillos de campo que fueron nuestros antepasados.
Casa de los Enanos
Más o menos por el año de 1901, llegó a Zacatlán una familia de carpinteros del cual no se sabía su procedencia. Este hecho a simple vista no tiene nada de extraordinario, sino por la particularidad de que toda la familia estaba compuesta de enanos.
Esta era una familia de enanitos felices porque eran independientes y no sufrían las mortificaciones de ser llevados y traídos en cajas de feria en feria.

Y decir que eran felices realmente, era un clan unido, y sobre todo, una familia muy empeñosa y que sabía salir adelante por sus propios medios que no eran pocos.
Los enanos por su propia condición tienen que sufrir una serie de vejámenes, por ser tan débiles que se teme los derribe el más ligero soplo de viento.
Y esforzándose, sin embargo, en las ferias, recitan con voz infantil o cascada, y con toda la gracia que pueden, algunos versos mal aprendidos, cuyo sentido no alcanzan, o bien, cantando con ficticia alegría, o con enérgica expresión, también fingida, algunas canciones pintorescas, contra los cuales protesta su aspecto triste y doliente.
Pero la condición de los enanitos de nuestra historia que llegaron a estas tierra de quien sabe donde, era completamente diferente; estos eran fuertes, decididos y conscientes de su propio valer. establecieron una carpintería donde elaboraban hermosos objetos, haciéndose de buena clientela y que no por los trabajos que les mandaban a hacer, sino por el morbo de ver a los enanos, y que por consiguiente sufrieran las burlas, humillaciones y maldades de los niños, y de uno que otro adulto.
Pero los enanitos no se amilanaban, y haciendo acopio de una gran fuerza interior, se enfrentaban valerosamente a los sinsabores que a diario les deparaba la vida. Poco a poco, estos extraordinarios hombrecillos fueron ganándose la confianza de sus vecinos, haciéndose de amigos sinceros. Con el ahorro que fueron acumulando a través de los años, producto de su trabajo honrado, pensaron en comprar un terreno y construir su propia casa. Efectivamente, poco tiempo después, colocaron los primeros cimientos de lo que sería su futuro hogar.. esta era de dos pisos, con balcones, puertas y ventanas que llamaron pronto la atención de todo el mundo. A diario se podían ver visitantes motivados por la curiosidad que aquello llamaba, levantaron también una huerta y hortaliza que les suministraba lo suficiente para comer y dinero extra que el excedente les producía.
Los años pasaron, y la familia de enanitos fue disminuyendo hasta que se extinguió por completo, se formó desde entonces alrededor de ella una serie de leyendas y cuentos curiosos. Sólo quedó en pie la casa que preservaba el vago y ya muy lejano recuerdo de una familia de enanitos industriosos y muy unida, que se enfrentó a la desgracia de no ser como los demás, pero que a pesar de tener muchas desventajas en su contra, supo salir adelante, ganándose la confianza, el afecto y la admiración de todos aquellos que los llegaron a conocer.
Esta, es una de las tantas historias que la rara casa de los enanos tejió a través de los años. Lo que realmente parece ser más cierto, es que a principios de siglo llegó a Zacatlán un señor que tenía por nombre Porfirio, y del cual del apellido no se conserva memoria. Era magnífico ebanista, que sentía placer por elaborar con sus propias manos, objetos pequeños que atraían la atención. Su casa la levantó tal y como la podemos encontrar en la actualidad, desgraciadamente ya derruida, y que trajera la admiración de propios y extraños por lo minúsculo en que estaban hechas las ventanas, puertas, y balcones, propios para que sólo vivieran; una singular familia de enanito.
El Fantasma
Cuenta la leyenda que muchas personas de Zacatlán vieron lo siguiente:
Pasada la media noche, llegaba al templo de San Francisco, de rodillas un hombre vestido a la usanza de la época de la Independencia, entraba aunque la puerta estuviese cerrada, oyéndose después sus lamentos y llantos en el interior del Convento. Y muy de madrugada, el hombre militar que había entrado de rodillas, salía muy compungido, con aire de arrepentimiento y desaparecía así como lo veían llegar.

Esta escena se repetía muchas veces y diversas gentes lo vieron, cundiendo la sorpresa y el espanto de las gentes.
Sigue contando la leyenda, que como a los diez años, una madrugada, el centinela vio pasar una sombra por la plaza del pueblo y le marcó el alto, a lo que la sombra le contestó “SOY EL BRIGADIER FRANCISCO OSORNO, ANDO PAGANDO MIS CRIMENES”.
El soldado lleno de espanto corrió a dar cuenta a sus jefes y como a los ocho días murió.
En vista de tales apariciones y tan seguidas, el cura párroco del lugar, para calmar las excitaciones del pueblo, usó el agua bendita y exorcismos por las calles y la plaza, y por los lugares por donde habían visto la sombra.
Ya no volvió a verse por ninguna parte el negro fantasma de Francisco Osorno.
Por este estilo se contaba en Chignahuapan, donde también había cometido sus desmanes.
La Campana
Cuéntase de boca en boca, de tiempo en tiempo, que hace larguísimos años, que la mano franciscana levantó sobre una breve colina que mira al sur de la ciudad zacateca, y cuya falda baña el río de San Pedro, la primera iglesia para el culto cristiano y de la cual no quedan más que los derruidos paredones que sirven de recuerdo para los moradores y de admiración de los turistas.
Síguese diciendo que estaba ordenado todo para la bendición del templo que sería el 29 de junio, exaltación del apóstol San Pedro, como a las 12 de la noche, oyóse un ruido ensordecedor parecido al de una lluvia torrencial, y al mismo tiempo, los millares de genios que habitaban aquellos contornos de la iglesia nueva, desprendiéronse pujantemente las naves, el Altar Mayor y la torre y premeditadamente la campana que debería decir el mensaje de aleluya de los moradores de aquella fiesta tan esperada, habiendo rodado la campana hasta las aguas del río cercano.
Y desde aquella época tan aciaga para el pueblo zacateco, la sonora campana vive en un país de encantamiento próximo a la quimera. pero año con año, el día de San Pedro, a la media noche, se escuchan lúgubres acentos, invitando a los fascinados moradores a la oración que se debió de decir en los días de misterio del ayer.
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